Los Machos de la Especie.

Author: Florencia

La hembra ha decidido: su pareja ya está determinada. Copula con el macho más apto para perpetuar la especie. El resto de los machos que la pretendían dan un paso atrás, y tal vez la sigan observando, pero nada más, hasta que ella tenga que decidir otra vez.

Si el macho más apto está ausente, ¿los demás se acercan a la hembra con pretensiones de copular? No, al menos leones y pingüinos no. Y si la respuesta es positiva, de todos modos la hembra ya ha elegido al más apto, así sea sólo por unos minutos; y su próxima elección seguirá el mismo criterio.

Pero ya no hablemos sobre meros animales. Demos un paso y hagamos consideraciones sobre el animal racional.

La hembra ha decidido: su pareja ya está determinada. El resto de los machos que la pretendían dan un paso atrás, y tal vez la sigan observando, pero nada más, hasta que ella tenga que decidir otra vez. Claro que esta decisión no se hace patente para el resto de los machos, por la copulación entre ambos (si es que la hay), sino por el hecho de ciertas demostraciones de afecto aptas para realizarse en la vía pública.

Si el macho más apto está ausente, ¿los demás se acercan a la hembra con pretensiones de copular?. Sí -acá estamos suponiendo que no conocen que la lección ha sido hecha- .
Atiéndase al hecho de que el macho más apto está ausente. Camine de la mano con su pareja (si es que tiene) y no lo notará. Camine sola mujer, y todo será diferente.

Señorita lectora de estas palabras, usted lo habrá experimentado miles de veces; muchacho lector de estas palabras, usted lo habrá observado en individuos de su género (ya que no voy a generalizar y decir que todos los hombres lo hacen).
Basta de misterio, develemos cómo lo hacen:
- Hola rica.
- Qué hermosa que sos mamita.
- Vení que te hago de todo.
Y así.........., y peor.
Por favor, agregar el tono baboso y modalidad entre dientes, que caracteriza a estas palabras en la mentada situación. Entiendan que no me parece adecuado seguir con la lista, ya que incluye frases lo suficientemente desagradables.
La mayoría de las frases suena bastante acorde y convenientes en una escena de sexo salvaje, pero son dichas en la vía pública a una señorita que protagoniza una escena de paseo solitario y tranquilo. El vestuario asignado tal vez sea un jogging que ni siquiera le favorece la figura, y una remera ajustada al cuerpo, y a los criterios del buen gusto (aclaración necesaria para quien pretenda excusarse aludiendo al vestuario provocativo de la protagonista).

¿Por qué lo hacen? No lo sé. Realmente no lo sé. Uno podría pensar que es para demostrar no se qué frente a su grupo de amigos, pero no siempre están en manada.
Uno podría pensar que es para demostrar a la hembra ser el más apto, así sea sólo para unos minutos. Pero no quiero resignarme a creer que parte del género masculino de nuestra especie piensa que la hembra entiende como la mayor aptitud - así sea sólo para unos minutos -el hecho de desplegar sus alas plagadas de frases ofensivas o no, pero siempre dichas en tono baboso y con modalidad entre dientes, emulando –y estoy siendo indulgente – estar permanentemente en celo.
No digo que no sea agradable escuchar ciertas frases que aumentan la autoestima o simplemente alegran unos pasos más, aun proviniendo de desconocidos; claro que ésa es la consecuencia de haberlas dicho como un cumplido y no como una declaración de excitación pervertida.

Ésa es una de las cosas que nos diferencia de los meros animales.
¿El hecho de que si el macho más apto está ausente los demás se acercan a la hembra con pretensiones de copular?. No, no, no.
¿El hecho de no saber cómo demostrar a la hembra que se es el más apto? Ay, no.
La respuesta correcta es:
· que, al menos concientemente no nos gusta determinada persona -para unos minutos- por ser la más apta para perpetuar la especie, ya que las frases antedichas son dirigidas a toda clase de señorita, y ni siquiera todas las veces en edad de concebir. El criterio es otro, varía de persona a persona, centrándose en algún rasgo que llama la atención de inmediato, pero sigue siendo casi cosa de instinto, no muy racional que digamos, sino más bien sensible.
· que, al menos concientemente, no elegimos a nuestra pareja -ahora sí para mucho, mucho, mucho más que unos minutos- por ser la más apta para perpetuar la especie (ya que no es condición necesaria tener o pretender tener hijos) -inconcientemente sí, pero hablemos de la faz consiente, que es sobre la que tenemos algún tipo de control-. El criterio no es el instinto, es el amor. Y no entendido de forma melosa, cursi y casi totalmente irracional como le gustaría a muchos romanticones, sino con una fuerte carga de racionalidad, que –digamos y aclaremos de paso- es la única forma en la que considero que existe y puede darse el amor verdadero.

Estos dos niveles nos separan del animal, pero es el segundo el que nos distingue radicalmente. No olvidemos que "simplemente" somos un animal racional.

 

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