Introducción ¿necesaria? para comprender del todo el texto:

Escribió Joselo por ahí "la idea del blog es acercar la filosofía a la gente", entonces te escribo una introducción en la que te cuento un poquito de la relación de la filosofía con los sentidos, la razón y el lenguaje, para que sea posible enmarcar, haciendo algún esfuerzo, el texto que le sigue en una temática que pretende ser filosófica.

En filosofía se le da muchísima importancia a la razón; es más: antes que otra cosa, la filosofía, es un saber racional. Así lo cree la gran mayoría de filósofos (aunque no todos).
A parte de la razón, que casi todo lo puede alcanzar, ¿qué más nos sirve para conocer? ¡Los sentidos!, pero veamos qué nos dice Descartes sobre ellos:
“Todo lo que he admitido hasta el presente como más seguro y verdadero, lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos; ahora bien, he experimentado a veces que tales sentidos me engañaban, y es prudente no fiarse nunca por entero de quienes nos han engañado una vez.”
“Así, por ejemplo, en mi espíritu encuentro dos ideas del sol muy diversas; una toma su origen de los sentidos,... según ella, el sol me parece pequeño en extremo; la otra proviene de las razones de la astronomía,... según ella, el sol me parece varias veces mayor que la tierra. Sin duda, esas dos ideas que yo formo del sol no pueden ser, las dos, semejantes al mismo sol; y la razón me impele a creer que la que procede inmediatamente de su apariencia (es decir la que captamos con los sentidos) es, precisamente, la que le es más disímil.”
La cursiva es mía.
De Meditaciones Metafísicas, primera meditación, de René Descartes.
Descartes: filósofo racionalista a más no poder; tanto que reduce a la persona a una “cosa pensante” (res cogitans dice él, que suena más lindo).

O si querés un ejemplo más sencillo: el típico del vaso con agua y un lápiz adentro, que parece partido (es decir, el sentido de la vista nos lo muestra así), pero no lo está.

Se podría decir, entonces que: por medio de la razón conocemos con más seguridad que por medio de los sentidos. Con la razón pensamos, y los pensamientos se expresan en palabras. Y es acá donde entra en juego el lenguaje. Que mientras mejor sea utilizado, tanto mejor podrá expresar lo que pensemos.

Suficiente introducción. Ahora sí, te cuento lo que me parece:

Sí, los sentidos engañan. Pero allí donde la razón puede más que éstos, el lenguaje es el celoso guardián del error de los sentidos.
Decimos las tijeras, los pantalones... incluso cuando se trata de la unidad de dichos objetos.
Como pasa con la tijera, que tiene dos partes pero que conforman un todo nuevo; y con el pantalón, que tiene dos piernas pero que conforman otro todo nuevo: en algunas personas, para expresar ciertos pensamientos el lenguaje no ayuda.

El caso más representativo, creo que es el de “los cordones” referido a aquello con que nos ajuntamos una zapatilla. Los sentidos nos dicen que, habiendo dos partes –que ellos entenderán como dos todos- hay dos cordones. La razón nos ayuda: -no, es una sola cosa, de las que se capta sólo los extremos, la parte restante la deduzco y uno todo: así tengo un solo objeto. ¡Gracias buena amiga razón!, nos has enseñado que es el cordón, no los cordones.

Con la razón solemos captar las cosas un poquito más ajustadas a la realidad que con los sentidos; por lo que es mejor que el lenguaje refleje lo captado o alcanzado por la razón, más que por los sentidos.
¿Más atención a la razón o al lenguaje? Y... a la relación entre los dos.

Por ahora simplemente pediré más atención y consideración a la razón, que a veces tiene dos enemigos: los sentidos y el lenguaje cotidiano.

 

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