Hay distintas fechas en las que solemos reunirnos para celebrar: Año Nuevo, Navidad, cumpleaños, aniversarios en general.
¿Pero cual es el motivo de dicho celebrar?. Creo poder afirmar con justicia a la verdad que celebramos dichos acontecimientos por dos motivos:
Primero: por mantener viva en la memoria un momento -del nacimiento, del primer beso, del cruce del Mar Muerto, etc.-.
Segundo: como una forma de reactualización de la acción vinculante entre las personas que intervienen en ese suceso rememorado.
De los dos motivos, considero que es el segundo el más importante. Porque de ser el primero, toda celebración sería un acto de recordar, pero no de reactualizar lo vivido y, como es particular el tiempo que no nos permite operar sobre el pasado, el celebrar se torna valioso por lo que tiene de proyección.
Por ejemplo: dos personas que se divorcian dejan de celebrar los aniversarios de su matrimonio, justamente, porque dicho recuerdo carece de proyección.
Sobre el sentido de proyección quiero detenerme.
Para una pareja, es importante recordar una fecha...su aniversario: de novios o de casados, porque en la historia personal de cada uno de ellos no es un día más, sino uno de los más profundos en su existencia. Es el día en que dos personas decidieron elaborar y recorrer un proyecto común, juntos. Y cada año se le presenta la posibilidad de reactualizar dicho co-yecto (proyecto común, si Heidegger, revolcate en tu tumba).
Muchos podrán decir, que dicha afirmación del compartir se debe hacer día a día, pero si en una persona la edad es uno de los signos de la madurez, en una pareja el aniversario es signo de la consolidación: en la que un YO y un TU -sin dejar de ser ni YO ni TU- se funden en un NOSOTROS. Porque eso es lo que mantiene la unión entre las personas, el descubrir -y redescubrir- el sentido del NOSOTROS.
Por eso, quiero decirte a vos Flory, que el 10 de enero cumplimos dos años de estar juntos: yo te quiero...

 

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