Algunas veces los titulos de los post suelen aclararcer en el desarrollo del mismo, otras veces, como en ésta, no. Por eso, solamente voy a explicar que esa pregunta -con su respuesta- es de un tema de Charly que se llama "Estaba en llamas cuando me acosté".
Lo recuerdo muy clarito, era en Julio del año 2000 -para este lado del mundo, por si sos de otro mundo, en Julio son las vacaciones de invierno. Y si sos de otro país, en ese año los docentes hicieron un paro de casi un mes y medio- resulta que por las noches me juntaba con mi hermano Juan a tomar mates -o tererés dependiendo la temperatura- y así comencé lentamente a prender unos "tubitos fumíferos cancerigenos para calmar la ansias tabacaleras" -así lo llamaba un compañero de Seminario mío, que ahora toca el arpa junto con los ángeles-.
Y el acto de fumar es como entrar en un arroyo -río, mar, pileta, jiacuzzi,etc.etc.- que tiene el agua muy fría: primero entras de a poco, pero una vez que está adentro, no querés salir más de ahí.
Así este tubito se convirtió en un gran compañero, de las buenas, las malas y las peores.
Recuerdo que en una época, al principio, un Marlboro 10 me duraba meses... pero el pucho es así: cuando le das un dedo él ya te está fiesteando por atrás. No pide permiso, solamente irrumpe en tu vida y cuando te das cuenta estás contra un iceberg que no podés esquivar, solamente fumartelo.
A medida que iba pasando el tiempo, lo iba sintiendo más amigo, más compañero. Algunos dicen que tenemos dos pieles: la dermis y la moral. Pero yo creo tener como 5 pieles, y el pucho es una de ellas -¿será por eso que soy anchito?-.
Me recuerdo fumando en el baño del Colegio Roque González. Eso era ser un bándalo, rompedor de reglas.
Una mañana, una buena malana me pescó el preceptor -Eduardo Antonio, en el Roque todos se llaman Eduardo: Eduardo Antonio, preceptor; Eduarso Sisto, precpetor; Eduardo Alegre, Rector...yo me llamo Joselo, ¿será que no tengo posibilidad de laburar ahi?-; el asunto es que me amenazó, no con amonestaciones, sino con suspenderme 10 días. Jamás lo hizo.
Al principio fumar en el baño era una aventura después, como casi todo en la vida, se volvío común: hasta los chicos de segundo año fumaban en el baño. Me acuerdo cuando nos juntabamos con Gabriel Tesio, Cristian Ramirez y otros -que en este momento no recuerdo- y fumabamos én el baño. Pero después quisimos ir por más...¿drogarnos?...no, jamás. Después empezamos a fumar en el escenario donde se hacían los actos. Queríamos hacer del fumar un acto sublime, un acto de valentía, un acto patrio. Fumar ahi era lo mismo que cruzar los andes y liberar a tres naciones.
Recuerdo una clase de historia argentina -nunca aprendí mucho, en lo que es el resto de la historia sí, se bastante y me encanta-, el que nos daba clases era el Rector del Colegio. Resulta que quise poner mis cosas debajo del banco con tanta mala suerte -"yeta" decimos por acá- que se me cayeron los puchos al pasillo, los vió el rector y mantuvimos el siguiente diálogo:
Rector - Niño Jacquier, ¿qué es esto?.
Niño Jacquier - Un paquete de cigarrillo profesor.
Respuesta obvia a pregunta obvia. Conclusión: el profesor me incautó los cigarrillos, como si fuera oficial de la Gendarmería Nacional.
Cuando entré al seminario el cigarrillo me acompaño en aquellas benditas noches que parecían nunca acabar. Los primeros dos meses de seminario fue un suplicio de angustia y nostalgia que fueron mitigadas con bocanadas de humo.
Pero cuando dejé el seminario y me puse de novio con Florencia, la persona que más amo en el mundo se convirtió en la enemiga número uno del vicio que más me gusta en el mundo. Cómo dos mundos que me parecen tan lindos pueden ser tan antagónicos.
Al principio la guerra declarada era sólo de palabra, pero hace unos meses la guerra se endureció en acciones concretas: no me acompaña a comprar puchos, si estamos en un lugar que no se puede fumar no sale conmigo afuera, si estamos en su casa no me alcanza ningún cenicero... pero la peor de todas las amenazas fue: "si para los 25 no dejás de fumar, no vamos a tener hijos"... me agarró de las bolas con eso. Porque yo no soy de los que creen que planear una familia es una estupidéz, o que se puede vivir toda una vida sin el anhelo de tener hijos.
Por eso ahora te hablo a vos, pucho bendito-maldito, este año pienso cortar con vos, ya tuvimos una relación de 7 años y no va para más.
Basta, porque el placer que me das se contrarresta con la felicidad de una pareja, de una familia, de una vida plena en alegrías.
Pucho, a vos te digo basta. Hasta hoy fuiste muy generoso, y parece que no me atacaste con todas tus armas, pero no quiero que me demuestres tu poder. Te quedan pocas horas de vida en mí, y ya quiero dejarte.

Resultado de la ultima radiografía de torax que me hice.

 

2 Responses to “"Algunos se quejan de la comida, ¿quién te hace la comida?" ("yo")”

  1. martin "chypa"Bermüller

    joselo como andas loco...me acuerdo un dia con vos en el cumpleaños de nico daviña vos trajiste el peor cigarrillo q puede haber...nunk lo habia visto hasta q vos apareciste con el eight 20 box!!a valor razonable de 0,50$...ahh creo q vos eras el 2do exponente fumador del roke...despues de mi..me alegro q quieras dejar de fumar...yo tengo la misma meta este año..asi q suerte y segui con el blog..
    a proposito no se como verg*llegue acaj3j3


  2. Florencia

    Podría decirte esto personalmente, pero hay cosas que se escriben (entre otras razones, por lo patético que sonarían dichas).
    "Cómo dos mundos que me parecen tan lindos pueden ser tan antagónicos": porque uno te ama, y el otro te separa más rápìdo de todo lo que amás.
    Parece todo muy sencillo pero no deja de sorprender: hubo que poner en peligro la existencia de terceros inexistentes, para proteger a dos bieeeeen existentes.
    Si quiere contradicción niño Jacquier búsquela ahí.


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