Aclaración previa:

Por el presente post podrán caratularme de come-vela, de religioso, de anticuado y todos esos calificativos que le suelen poner a la gente que cree en Dios... y si... tal vez algunos de esos me corresponden, pero en lineas generales, soy creyente.


Ahora, a lo que nos reunimos: a reflexionar.

La Navidad, en pocas palabras, es una celebración, un momento de fiesta (de los mayores del año), es un momento de alegría, oportunidad de compartir. Navidad es sinónimo de cumpleaños, pero imagínense qué importante cumpleaños que lo llamamos Navidad.

Pero no puede existir un cumpleaños sin aquel que cumpleaños. Esto nos demuestra el más simple análisis: nosotros, por lo general -existen casos excepcionales que sí-, no festejamos el cumpleaños de los muertos. Al menos yo, nunca festejé el cumpleaños de mi abuelo que palmó antes de que yo naciera.

En la Navidad celebramos el nacimiento de Jesús.

Pero resulta que el ateo no cree en Jesús, entonces ¿qué Navidad celebra?.

A lo sumo se junta a comer, tomar, reirse, pero no a celebrar. Como la Navidad tiene un referente -es decir, Navidad es siempre en relación a Jesús-, un ateo no tiene ese referente, por lo tanto, no tiene Navidad. Tiene comilona, jococidad, pero no Navidad.

No creo que esté mal que el ateo se junte se compartir un asado, vino, cidra o lo que quiera. Lo que considero una falta de coherencia es que un ateo diga sonrientemente: "Feliz Navidad". ¿A qué Navidad se refiere?. ¿A la Navidad que no cree? ¿A la Fiesta en honor a alguien que le parece una fábula?. Yo jamás festejaría el cumpleaños del Pombero, del Yasí, o de cualquier otro personaje fabuloso, porque no creo en ellos.

Yo no estoy en contra, lo aclaro, del ateísmo. Es más, me parece, en cierto sentido, fabuloso, es una gran muestra de libertad. Pero sí me parece despreciable, "de última", la incoherencia.

La Real Academia Española nos dice que:


coherencia.
(Del lat. cohaerentĭa).
1. f. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras.
2. f. Actitud lógica y consecuente con una posición anterior. Lo hago por coherencia con mis principios.


Entonces, podemos concluir, con absoluto derecho, que el ateo que se junta en Navidad -y lo considera un momento "especial"-, y además anda regando su mundo con sonrisas y felicitaciones por una Navidad que le pasa de lejos, demasiado lejos, es un incoherente, un hipócrita, un verdadero contradictor de sus propios principios. En fin, una antítesis de su propia libertad y decisión.


Para todos los que celebramos a un Jesús vivo, viviente y vivificador... les deseo de todo corazón: FELIZ NAVIDAD.


 

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